Todos los condimientos estuvieron fuera de la cancha
En la fiesta de Verón se vio otra versión del Cholo. Lejos quedó ese técnico audaz, que metía hasta cinco delanteros para intentar quedarse con los tres puntos. Ayer, River trabajó el partido, y se fue conformando con el empate. Estudiantes fue más, buscó en todo momento, y cero a cero fue poco premio para un equipo lleno de ambiciones. Golpe por golpe. Así se presentó el partido desde un primer momento. Todavía no se había jugado un minuto cuando Lugüercio quedó mano a mano con Carrizo, que a la postre se convertiría en el responsable de que su equipo no sufra goles. Contestó River con un remate de Villagra, que se fue muy cerca del travesaño. Si bien por momentos se sintió la ausencia de Braña, la ambición de Estudiantes pesó más. Verón contagió a sus compañeros, y con el correr de los minutos, el equipo de Sensini terminó inclinando la cancha. Sumó méritos para ponerse arriba, pero se chocó, una y otra vez, con la agigantada figura de Juan Pablo Carrizo. Ironías del fútbol que le permiten a un equipo como River llenarse de estrellas en el mercado de pases, y luego terminar dependiendo de aquellos que nunca deben irse, como el arquero. Estudiantes fue más, es cierto. Incluso, se lo vio más punzante que en los partidos anteriores. Pero salió mal parado en los duelos personales, y Pablo Piatti perdió toda la noche contra Danilo Gerlo. Obligado a sacar el partido adelante, River tomó la posta en la parte final. Supo explotar el cansancio de los jugadores del Pincha, y con un Ortega inspirado, reivindicó la imagen. Pero no le alcanzó. En primer lugar, porque no encontró en Abreu al delantero efectivo que supo ser en el pasado. Se topó con Angeleri que, muy ordenado, fue impasable en los últimos metros de la cancha. Y fundió motores, cuando se quedó con un jugador menos ante la expulsión de Cabral. A partir de esa situación resucitó Estudiantes, que sin muchas ideas terminó mejor parado. Pero tampoco pudo quedarse con la victoria. Ni siquiera el ingreso de Leandro Lázzaro pudo suplantar la falta de efectividad que había mostrado Maggiolo, y hasta unos chispazos de Bogado fueron controlados por la defensa del Millonario. El empate del final les sienta bien a los dos. Estudiantes mereció más, pero no supo cómo quebrar a River. Simeone, en tanto, se fue conformando con llevarse un punto. Y esto, claro está, deja en evidencia que no es el mismo de antes, ya que ahora parece haber perdido la audacia que llevó a festejar en el pasado. El Pincha terminó mejor, y ya empieza a rezarle a San Juan, pensando en seguir en lo más alto del Clausura.
Fuente:Diario Hoy(www.diariohoy.net)
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