En diciembre de 2008, Juan Martín del Potro ya era Delpo. Había irrumpido en el circuito con cuatro títulos consecutivos de ATP y había llegado al top ten. Este año se consolidó en la élite, ganó el US Open, jugó la final del Masters y es uno de los grandes deportistas argentinos. Pero no será nuestro personaje. En diciembre de 2008, Lionel Messi ya era Leo o la Pulga. Figura indiscutida de Barcelona, llevaba a su equipo a la temporada perfecta, al año soñado. En 2009, se convirtió en crack, marcó goles en cuatro de las cinco finales que ganó el Barça, dio el pase gol en la restante, definió de pechito en Abu Dhabi (así que era pecho frío, ¿no?) y se llevó todos los títulos colectivos más todos los premios individuales que reparte el fútbol mundial. Pero hoy no es el elegido. En diciembre de 2008, Angel Cabrera ya era el Pato. Había conquistado un Major de golf (US Open 2007). Este año, el cordobés se puso el saco verde reservado para los campeones de Augusta, el primer Grand Slam de la temporada. Sin duda, completa el podio de los tres deportistas argentinos más importantes del año. Todavía le debemos una merecida contratapa, pero, discúlpenme, la dejaremos para otro día.
Nuestro personaje del año es clase 1954. De familia muy futbolera, a los cinco años jugaba con su hermano en GEBA. Se probó en Boca. Le dijeron que hiciera pesas y que volviera al año siguiente. No volvió. Pasó por Racing. Ese día sólo hacían entrenamiento físico. Le pidieron que regresara al día siguiente. No regresó. Como vivía en Palermo, River le quedaba muy cerca. Tardó un año en fichar. De contextura chiquita, había mentido sobre su año de nacimiento. Se había anotado como modelo 55. El delegado comprobó el "error", pero su calidad no tenía fecha de vencimiento. Y a principios de 1971, nació su vínculo con la banda roja. La excelente revista Animals, quizá la mejor publicación argentina dedicada a un club de fútbol, descubrió su pasión por la política. En el número de octubre 2009, cuenta que su habitación de juvenil setentista estaba decorada en una pared con cuadros de fútbol y en la otra con una foto de Juan Domingo Perón. En la mesita de luz, tenía un ejemplar de El descamisado, el semanario que oficiaba de órgano de propaganda de los Montoneros. No militó. "Pero si hubiera ido a la Plaza de Mayo aquel 1º de mayo en el que Perón los llamó imberbes, se habría ido con ellos", revela Animals. En su escritorio, podían verse los diez tomos de Historia Argentina, de José María Rosa.
Su vocación era la medicina, pero estudió dos años de derecho en la UBA debido a los tiempos de la carrera. Al final, eligió el fútbol. Su padre, ingeniero agrónomo, sintió alivio. En esos meses de convulsión política, estaba preocupado por la vida de su hijo. Años más tarde, le confesaría que había quemado todas sus revistas políticas para borrar cualquier elemento que pudiera ponerlo en peligro. Cuando llegó la dictadura militar, ya era futbolista profesional.
Zurdo, elegante, de buena pegada, tenía todo para triunfar en River, pero delante de él estaba Norberto Alonso. Le dejó muy pocos partidos para que pudiera demostrar sus condiciones. Ni siquiera logró afianzarse como titular durante el corto paso de Beto por Marsella. Ganó tres títulos, pero siempre en un rol secundario. En 1978, se fue a Inglaterra. Sheffield United quería contratar a un tal Maradona, pero Argentinos Juniors rechazó la oferta de 180.000 libras esterlinas. Por 160.000 se llevó a "Alex". Duró dos años en Sheffield y un año en Leeds. Poca cosa.
Pero en diciembre de 1981, Carlos Bilardo se tomó un avión y lo fue a buscar. Ahí empezó todo. Estudiantes de La Plata le cambió la vida. Se reinventó como futbolista. A su muy buena técnica, le agregó despliegue y sacrificio, aunque nunca pudiera desactivar el apodo "Pachorra". Integró un medio campo notable junto con Russo, Ponce y Trobbiani. Se consagró campeón del Metro 82 y del Nacional 83. Llegó a la selección, también con Bilardo. En La Plata, también consiguió su carnet de entrenador. Y conoció a Silvana, su compañera de vida, profesora de gimnasia artística del club.
Todo pasó por Estudiantes. Se retiró en 1988. Fue ayudante de campo de Daniel Passarella en la selección, Uruguay, Parma, Monterrey y en River hasta diciembre de 2007. En marzo de 2009, Estudiantes lo convocó para el cargo de entrenador tras la renuncia de Leonardo Astrada. Había una gran incertidumbre sobre su capacidad de liderazgo. "El primer atributo de un técnico debe ser el respeto. Que el jugador se dé cuenta de que sabe. Que tenga capacidad de trabajo. Y que sea honesto con el futbolista."
Así presentó sus credenciales en la Escuela de Técnicos. Enseguida encontró el equipo y le aportó su valor agregado. Se consagró campeón de la Copa Libertadores y entró en los libros del club. Durante el festejo, en plena plaza Moreno, asomó su animal político. Con el tono y las palabras de un líder de masas, dijo en clave alfonsinista: "La ciudad está en orden". Luego, en el mismo discurso, latió su corazón peronista. Parafraseó al General y habló de "la más maravillosa música" refiriéndose al canto pincharrata.
Llegó a los Emiratos Arabes, al Mundial de Clubes. Se planteó como obligación pasar la semifinal y como aspiración ganar la final. Superada la pantalla Pohang Steelers, quedó mano a mano con Barcelona, un partido que había empezado a pensar tras la final sudamericana contra Cruzeiro. Si algo le faltaba para ganarse el crédito como entrenador, era una planificación de autor. Cambió el esquema. Tres centrales con Rodríguez y Díaz de pistones por los laterales. Si Messi gambeteaba desde la derecha hacia el medio contra el uruguayo, aparecía Re para reforzar la marca. Cellay y Desábato se ocupaban del excelente Ibrahimovic. Clemente le ganaba en velocidad a Henry. Para la pelea contra Xavi, puso a Chino Benítez en el doble pivote central al lado de Braña. Verón jugó de enganche, mucho más adelantado que frente a los coreanos (¡mamita, sentían placer cuando pegaban!) y Pérez cerca de Boselli en el ataque. El pressing bien arriba obligaba al Barça a revolear la pelota. Si el mejor equipo de la historia no daba tres pases seguidos, era por culpa de Estudiantes. Había que aprovechar la potencia y la presencia de Boselli para incomodar a los centrales catalanes. Y Mauro saltó entre Puyol y Abidal para meter un cabezazo imparable y otro gol en finales.
En el segundo tiempo, el rival impuso condiciones y no hubo otra alternativa que aguantar y resistir. Sin dar patadas, sin esconder balones, sin tirarse al piso para hacer tiempo. Es cierto, Albil demoró en varios saques desde el arco. El hombre y sus hombres estuvieron a dos minutos de la eternidad. Pero ellos son demasiado buenos. Hasta cuando renuncian a su estilo. Porque, en la zona del como sea, metieron a Piqué de doble nueve y se la jugaron por arriba. El defensor hizo de torre inglesa y Pedro marcó un gol que me hizo acordar a aquel de Laurent Blanc en Francia 1 vs. Paraguay 0 por el Mundial 1998, por lo poco que faltaba, por la resistencia del equipo que se defendía y por el efecto que provocó. En ese momento, el trofeo cambió de dueño. Sólo faltaba que Messi pusiera el pecho ante tanta crítica inconsistente y marcara el, hasta ahora, gol más importante de su vida. ¿Cómo no lo iba a gritar? ¡Vale un Mundial de Clubes, viejo!
Pero hoy la nota no es Messi. Ni Del Potro, ni Cabrera. Así como supo comportarse en la victoria, el hombre supo perder. Aceptó la derrota como un auténtico caballero. En diciembre de 2008, ni siquiera era el DT de Estudiantes. Hoy, Alejandro Sabella es nuestro personaje del año.
jpvarsky@lanacion.com.ar














Fuente: Diario El Día
De cara a la final de la Copa Mundial de Clubes de la FIFA EAU 2009 ante el FC Barcelona, muchos intentan meterse en la piel de Juan Sebastián Verón. Es entendible, vale aclarar. Desde su regreso a Estudiantes de La Plata en 2006, cuando priorizó su amor por la institución por sobre las ofertas que recibió de Italia, Inglaterra y de los dos clubes más importantes de su país, la Brujita ha vivido una suerte de cuento de hadas…
Tome note. En su primer torneo tras su vuelta, el Apertura de aquel año, Estudiantes corrió de atrás al poderoso Boca Juniors, lo alcanzó en la última jornada y luego, le ganó el título en un desempate. A fines de 2008 arañó su primera corona internacional con el Pincha al caer en la final de la Copa Sudamericana ante el Internacional en Porto Alegre en la prórroga. Ocho meses más tarde, sin embargo, se tomaría la más dulce revancha en tierra brasileña, al vencer al Cruzeiro en Belo Horizonte y alzar la Copa Libertadores de América.
De ahí que sea válido preguntarle ahora, de cara al que quizás sea su partido más importante con la camiseta albirroja, qué cosas pasan por mente. “Son muchas sensaciones… Hoy más que nada pienso que tenemos que estar contentos porque con recursos propios, con muchos jugadores que pasaron por la segunda división, como yo mismo, llegar a jugar la final del mundo es alo soñado. Si cada uno de nosotros mira algunos años para atrás, dudo que se pudiera haber imaginado este momento”, confiesa con una sonrisa aFIFA.com el número 11 pincharrata, quien descendió con Estudiantes en 1994, el año de su debut, y fue parte del equipo que logró el ascenso la siguiente temporada.
¿La procesión por dentro?
Si Verón está nervioso, todavía no nota, y él así lo hace saber. “Por ahora no siento ansiedad, pero seguramente eso va cambiar a medida que se acerque el momento del partido”, reconoce. ¿Qué hay de sus compañeros menos experimentados? “Cada uno maneja esas cosas a su manera, pero todos deberemos intentar canalizar positivamente esas ganas de salir jugar para no cometer distracciones”.
Para la Bruja, allí estará la clave del encuentro, más allá de que prefiere no profundizar en las cuestiones tácticas. “Es difícil analizar una final coma esta y más ante un equipo tan conocido como Barcelona. Acá lo simple termina siendo lo más importante: deberemos intentar no darles muchas oportunidades y saber aprovechar las que tengamos”.
El volante confía en el aspecto emocional del grupo. “Para mí, el primer partido era el más complicado porque todos nos daban como favoritos, y el equipo respondió. Ahora es distinto, porque una vez que estás entre los dos mejores equipos del mundo, son 90 de minutos de juego y cualquier cosa puede pasar. Va a ser muy difícil, obviamente, pero por el rival que nos toca, no por la situación en sí de estar en una final”.
Verón sabe que él y sus compañeros están ante una oportunidad única. Por eso concluye. “Este equipo ya se ganó un lugar en la historia. En la del club, en la de cada uno de nosotros… Ahora vamos por la gloria, pero va a ser durísimo. El sábado veremos si, con lo que tenemos, nos alcanza para abrazarla”.







Fuente: Página Oficial del Mundial de Clubes 2009
Para Leandro Benítez, la noche del 15 de diciembre de 2009 quedará grabada a fuego en su memoria. Con dos goles suyos, Estudiantes de La Plata venció al Pohang Steelers de la República de Corea por 2-1 y se clasificó para disputar la final de la Copa Mundial de Clubes de la FIFA que se disputa en Emiratos Árabes Unidos.
El Chino mostró el camino a los suyos en la última jugada del primer tiempo, cuando uno de sus habituales tiros libres en forma de centro con mucho efecto picó en la puerta del área chica y sorprendió al arquero coreano. En el complemento, empezó a definir al pleito al acompañar un rápido contragolpe por derecha y definir con un toque corto por la izquierda. “¡Ni me acuerdo si alguna vez había hecho dos goles en un partido! Pensé en mi familia, mis amigos, los que me ayudaron a llegar hasta aquí… Fue muy especial”, dice en exclusiva aFIFA.com mientras alza a Bautista, su hijo de 4 años.
“¿Sensaciones? Miles. Pero lo importante es que tenemos lo que vinimos a buscar en primera instancia, un lugar en la final del torneo. Cumplimos una meta y ahora vamos por la otra”, afirma con confianza el talentoso volante zurdo de 28 años. A pesar de su fama de ser un hombre de pocas palabras, Benítez reconoce que, con la victoria, “el equipo se sacó un peso de encima. Y no sólo porque se suponía que tenía que ganar, sino para no fallarnos a nosotros mismos ni a toda la gente que vino hasta acá”.
Discutido ayer, idolatrado hoy
Benítez pasó por todas las divisiones menores de Estudiantes antes de hacer su debut oficial en 2000. Pero no fue sino hasta su regreso al club en 2006, luego de jugar tres temporadas consecutivas a préstamo en dos clubes distintos, que logró afirmarse en el primer equipo. Y a pesar de que todos reconocen su exquisita pegada y fina técnica, varios de esos casi 5,000 hinchas que alentaron al equipo en el Estadio Bin Zayed alguna vez lo criticaron por su supuesta falta de compromiso.
Él lo sabe y habla del tema sin complejos. “Siempre dije que a mí me iba a costar el doble triunfar en Estudiantes por mi manera de jugar. Pero dejé y dejo todo por esta camiseta, estoy en un buen momento y espero seguir por el camino el del éxito”, asegura con convicción. Y si bien sabe que otra actuación así en la final podría darle la posibilidad de emigrar, sorprende al afirmar: “Ni me lo planteo. Soy hincha del club, soñé con ser titular acá y ganar cosas importantes y hoy tengo todo eso. Si llega alguna oferta buena para todos se verá, pero nada está más lejos en mi cabeza ahora”.
El Chino aspira a ganar en Abu Dhabi su tercer título con la institución, luego de ser pieza clave del equipo que ganó el Torneo Apertura 2006 y la Copa Libertadores 2009. Cuando se le propone elegir un rival para la final, Benítez no duda y concluye: “Da lo mismo. Es un partido de 90 minutos donde cualquier cosa puede pasar y, te toque quien te toque, el objetivo va a ser el mismo”.